PREGUNTAS INFRECUENTES: ¿Cuánto pagarías por ver una película?

No hace muchos años, cuando el que escribe era un adolescente, era normal (y obligatorio) pagar por ver una película, siempre que no fuese una película que emitían en televisión. Eran tiempos de ir al videoclub y decidir en función de la sinopsis, la carátula, o la recomendación del dependiente, y tiempos en los que íbamos al cine con bastante más frecuencia que en la actualidad.

No voy a escribir sobre la piratería, ni sobre la descarga ilegal de películas y series en internet. Es un tema ya sobado, y no quiero entrar en debates eternos ni en demagogia. Yo también veo series y películas en Internet sin pagar a los creadores de contenidos. Pero no siempre lo hago: en ocasiones acudo a Filmin y pago por ver una película de forma legal. ¿Por qué pagar, os preguntaréis algunos? Pues sucede que a mí me gustaría en un futuro vivir de mis creaciones, y soy consciente de que producir cine cuesta dinero: muchísimo dinero.  Y es lo mínimo que puedo hacer para no sentirme del todo culpable.

La descarga ilegal de películas y series es imparable. Por muchas leyes que se hagan, y por implacable que sea la ejecución de la ley, siempre habrá vacíos legales, siempre habrá webs, torrents o aplicaciones de descarga, y siempre habrá espectadores dispuestos a no pagar un céntimo por ver una película. 

Aunque no sirva como excusa, ni esté justificando la descarga ilegal de otro tipo de contenidos culturales como son la música y los libros, es un hecho que los músicos y los escritores también se han visto perjudicados por esta tendencia al “yo pago por Internet y tengo derecho a todo lo que quiera”, pero no tanto como le ha pasado a la industria del cine.

Las discográficas ya no viven tan esplendorosamente como antaño, pero los músicos, los creadores de contenidos musicales, aún tienen al menos las actuaciones en directo para recibir al menos algún tipo de recompensa por su trabajo. Ya no se vive de la venta de discos: ahora se vive de las actuaciones en directo. No es ni de lejos la mejor de las situaciones, pero menos da una piedra.

Los escritores también se han visto afectados, pero no tanto. Al fin y al cabo, un libro en papel no cuesta tanto, y sigue siendo más cómodo que leértelo en el ordenador, o que imprimirlo en plan cutre. Además, la industria literaria ha sabido adaptarse, y la venta de dispositivos de lectura y de libros electrónicos está en auge, y funciona.

¿Pero qué hacemos con el cine? Sobre todo teniendo en cuenta lo que cuesta hacer una película, y la cantidad de gente necesaria para llevarla a cabo. Sin ir más lejos, en España el presupuesto medio de una película normal, sin muchos aspavientos, suele rondar los 2 o 3 millones de euros, y no estoy hablando de superproducciones, sino de una producción que pague a sus trabajadores y tenga visos de hacer las cosas medianamente bien sin arruinarse ni quemar al equipo con jornadas maratonianas y bocadillos durante las 8 semanas que suele durar un rodaje.

En Estados Unidos, que sigue siendo la referencia industrial del audiovisual a nivel mundial, 23 millones de hogares ya disponen de Netflix, una especie de Spotify del audiovisual, en el que pueden ver una gran cantidad de series y películas de forma legal a partir de 8 euros al mes. Sin duda, una opción asequible que minimiza las pérdidas que supondrían no ofrecer una alternativa a la enorme cantidad de espectadores que ya no acuden a las salas de cine.

¿Y qué pasa en España? Pues aquí todavía no ha desembarcado Netflix, aunque se supone que lo haría este año. Pero tenemos otras plataformas como Youzee, Filmin y Filmotech, que ofrecen películas desde 1,95 hasta 3,99 más o menos, en función de si es un estreno o es una película un poco más antigua.

¿Por qué no hablo de series? Pues porque está claro que va a ser más difícil convencer a los espectadores españoles (y me incluyo) de que paguen por ver el último capítulo de una de las tantas series que ve, a no ser que sea pagando una cuota mensual o anual al estilo Netflix. Sin embargo, creo que con las películas aún hay un buen número de espectadores que son recuperables si se les ofrece una buena alternativa.

Para mí, la mejor alternativa que existe en España es Filmin, que a día de hoy ya tiene un catálogo con 3853 películas y 103 series, y cada semana va incluyendo nuevas obras, además de organizar festivales de cine online donde ofrece películas inéditas en España, y de estar haciendo un esfuerzo enorme en la buena dirección. En su contra sólo se puede objetar que aún no puede competir ni compararse con Netflix, pues sus acuerdos de exhibición de obras no son tan amplios, y no dispone de tantos blockbusters ni de las series más vistas.

Volviendo al cine, creo que nadie pone en duda que el precio de las entradas en salas se ha disparado demasiado en los últimos años, como lo han hecho tantas cosas desde que nos pasamos al euro, ese gran timo que nos hizo vivir por encima de nuestras posibilidades. Los exhibidores de cine se ven en una encrucijada porque no pueden bajar los precios, y tienen que recurrir a fórmulas para intentar atraer a la gente al cine. De momento hay algunos que aguantan. Otros no han podido y han cerrado el chiringuito.

A mí la verdad es que me gustaría que el cine independiente (y me refiero al independiente de verdad, en el que un cineasta arriesga sus ahorros y hasta su casa por producir) tuviera una oportunidad con la existencia de Internet, al igual que supone un escaparate para los músicos, que ya no necesitan a una discográfica para darse a conocer y empezar una carrera.  Sueño con un momento en el que podamos hacer películas originales, de autor, y de bajo presupuesto, e intentar conquistar a los espectadores en Internet sin necesidad de recurrir al sistema de distribución y exhibición que impera, y que está dominado por las majors norteamericanas.

Es todavía una utopía, lo sé. Pero imaginadlo por un momento: yo decido hacer una película con un equipo técnico muy reducido de unas 10-15 personas, y la rodamos en una semana como mucho. Una historia sencilla, con muy pocas localizaciones y muy pocos actores. Una película con un presupuesto que no supere los 50.000 euros de inversión como muchísimo, sin necesidad de andar rogando con una campaña de crowdfunding, sino que sea algo asequible de producir reuniendo unos pocos inversores, que tenga su riesgo como cualquier negocio, pero que sea consciente de sus limitaciones presupuestarias, y todo el mundo cobre por su trabajo, aunque sea un mínimo decente por la semana de rodaje.

Imaginad que existiera una especie de Bandcamp del audiovisual, donde un cineasta independiente colgase sus cortos y un resumen de sus trabajos, y si te gustase su rollo y quisieras ver su largometraje autofinanciado, pudieses verla por un precio que puedas elegir tú a partir de un euro.

Vimeo ya lo está haciendo desde hace no mucho, así que no hablo de nada descabellado. Puede que sea el futuro más inmediato para muchos cineastas en países como el nuestro, donde la producción que se hacía hasta ahora está llegando a cotas muy bajas, muchos proyectos están paralizados, y es mucho más difícil dar el salto al largometraje.

Es obvio que supone renunciar a hacer superproducciones, sacar al Roger Corman que llevamos dentro, y disponer de unos medios técnicos muy básicos y reducidos, pero podría ser una vía alternativa para no quedarnos esperando a que el cine, tal y como lo conocíamos, resurja. No tiene pinta de hacerlo.

Hay que adaptarse a las circunstancias, así que una vez analizada la situación (muy por encima, porque este tema da para un ensayo o una tesis de doctorado), retomo la pregunta que lanzaba en el título de esta entrada, y os propongo una encuesta: ¿cuánto pagarías por ver una película independiente en casa?

El miedo (the fear)

Según la Real Academia Española (en adelante, RAE), el miedo (del lat. metus) tiene dos acepciones: 

1) Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario. 
2) Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.

Así, con estas dos líneas, despacha la RAE una de las palabras clave que gobierna nuestras vidas. Porque no nos engañemos: el miedo es el principal escollo que nos separa de ese futuro mejor e hipotético que barajamos continuamente en nuestra imaginación, tanto a nivel individual como a nivel colectivo. Da igual que queramos ser pilotos de Fórmula 1, astronautas, empresarios, guionistas, directores de cine, o vivir en una huerta sembrando tomates para hacer gazpacho con nuestras propias hortalizas. Da igual que queramos tener mejores condiciones salariales, un sindicato que funcione de verdad, o un gobierno que no se ría de nosotros.

El miedo es lo que separa a los triunfadores del resto de humanos miedicas que vivimos nuestras vidas esperando a que nos toque la lotería o a que la vida nos regale lo que nos debe. Muchos tenemos miedo a la oscuridad, otros a las arañas, a los insectos en general, o incluso a los perros, que se supone que son los mejores amigos del hombre.

Tenemos miedo a nuestro padre, a nuestra madre, a nuestra pareja, a nuestro jefe, a nuestro alcalde, a nuestro gobierno. Tenemos miedo a hacer el ridículo, miedo a hablar en púbico, miedo a exponernos demasiado, miedo a que nos juzguen, miedo a fracasar, miedo a siquiera intentarlo…

Miedo a las medusas, a los erizos de mar, a montar en moto o en avión, a tirarnos haciendo puenting y que se rompa la cuerda, al daño físico o emocional en todas sus manifestaciones.

El miedo está presente en todos los ámbitos y en todas las personas. Todos tenemos miedo a algo: a perder el trabajo, a perder la casa, a perder dinero al montar una empresa, a no tener talento para la profesión que nos gustaría desarrollar, a no estar a la altura, a perder una oportunidad mejor por quedarnos como estamos…

Tenemos miedo de enamorarnos, miedo a desenamorarnos, miedo a que nos dejen, miedo a la soledad, miedo al compromiso, miedo a tener hijos y ser malos padres, miedo a no tener hijos y morir sin descendencia, miedo a esa conversación que puede doler, miedo a escuchar lo que no queremos oír…

El miedo es el principal causante de nuestras frustraciones. Es inherente al ser humano, y si no se controla, se va acrecentando con el paso de los años. Cada pequeña derrota en el ámbito familiar, laboral o de pareja, le da mayor ventaja al miedo para hacernos más pequeños.

Nuestra personalidad, hasta donde sabemos, es una mezcla entre la herencia genética y el entorno en el que vivimos. La predisposición genética a ser optimista y valiente hace que algunos nazcan con mejores cartas que otros; en cuanto al entorno, no hay mucho que decir. Todos sabemos la importancia de crecer en un ambiente en el que el miedo se quede a un lado, arrinconado y sin fuerzas. Si a la seguridad emocional se suma la seguridad económica, es un poco más fácil: te ha tocado empezar la partida con un par de ases; quizás tienes incluso un póker de ases en cuanto se enseñen las primeras cartas de la partida. Sin embargo, a la mayoría nos tocan unas cartas de mierda, y tenemos que intentar sacar el máximo partido de ellas aún sabiendo que para ganar lo tenemos más difícil.

Por supuesto, es posible luchar y vencer al miedo a pesar de haber nacido y crecido en ambientes hostiles: incluso si tienes malas cartas, hay que pensar que todo es posible. De hecho, enfrentarse a los miedos es lo que hace a una persona fuerte y lo que le hace libre. Y con libre no me refiero a no tener responsabilidades. Me refiero a libre en el sentido de vivir como se quiere, y no como el miedo te dicte en cada momento. Esa debería ser nuestra mayor aspiración en la vida: enfrentarnos al miedo cada vez que nos encontremos con él. No para ser temerarios e irracionales, sino para ser libres, y para no lamentarnos de no haberlo intentado al menos.

En esas estoy yo ahora: en conseguir enfrentar al miedo y hacer de una vez los proyectos que llevo aparcando durante los últimos años por una u otra razón. No es fácil. Nada fácil. Pero, ¿acaso eres un gallina, McFly?

Lo reconozco: soy un adúltero.

Tarde o temprano tenía que pasar. Estar tantos años bailándole el agua a la misma no podía durar hasta el infinito. Llevo años siendo más o menos fiel sin pensar en cambiar o alternar, pero reconozco que nuestros últimos encuentros me empezaban a cansar, provocándome incluso bostezos y la mayor de las indiferencias. Así que no siento ningún tipo de culpabilidad. Todo lo contrario: estoy encantado.

Como podréis imaginar, hablo de revistas de cine. Cuando uno va a al kiosco, y yo me he pasado media infancia y adolescencia haciéndolo, podía encontrar mayormente la Fotogramas y la Cinemanía: dos revistas españolas que llevan bastantes años luchando por el mismo mercado, en una rivalidad como la de Pepsi y Coca-cola, o como Oasis y Blur en los años 90. Con una estrategia y contenidos bastante parecidos, su target es prácticamente el mismo. Si no te satisfacía ninguna de estas dos revistas, había otra también enfocada al cine más comercial, que se diferenciaba principalmente por incluir pósters por doquier: Acción – Cine y vídeo. Si eras un cinéfilo más serio y no te interesaban los cotilleos del corazón de las estrellas de cine, podías optar por la Dirigido por, que es más seria y dedicada a los reportajes y las entrevistas.

Si todavía tenías ganas de hacerte aún más el erudito, desde hace unos años se empezó a editar una versión española de la famosa revista francesa Cahiers du Cinema, en la que escribía Truffaut, por ejemplo. Sin embargo, y aunque la compré varias veces, nunca me terminó de conquistar, y le puse el veto desde el momento en el que uno de sus críticos impartió una clase en el Máster de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca, donde estuve como alumno. En una tarde, el crítico en cuestión puso en tela de juicio algunas de mis películas españolas favoritas, y puso por las nubes películas que, desde mi punto de vista, no había por donde cogerlas. Fue la puntilla que le hacía falta para quedar desterrada para siempre de mi estantería.

A todas estas revistas, hay que sumar una que iba dedicada especialmente a cortometrajistas, cuyo nombre no recuerdo ahora, y que además regalaba un DVD. Su andadura empezó en 2004, pero no aguantó mucho en el mercado, y desgraciadamente en menos de dos años tuvieron que cerrar.

Y así, llegamos al martes 30 de julio de 2013, cuando, al llegar con tiempo de sobra a la estación de Méndez Álvaro para tomar el autobús dirección Almería, me llama la atención la publicidad en el exterior de una famosa tienda de libros y revistas ubicada en muchas estaciones. El anuncio en cuestión es de una revista de cine en cuya portada hay una caricatura de los personajes de los hermanos Farrelly, encabezada por Cameron Díaz con el tupé engominado con-ya-os-podéis-imaginar-qué.

sofilm

cinemania

Tras entrar al establecimiento y ojear la Fotogramas, la Cinemanía (con su portada de Blanca Suárez en bikini) y la Dirigido por, y mirar con desdén la Cahiers du Cinèma, tomo en mis manos el nº3 de esta nueva revista, cuyo nombre es SOFILM. En su interior, una extensa entrevista a JJ Abrams, un reportaje sobre Bud Spencer, una entrevista a Nacho Vigalondo… pero sobre todo, la macroentrevista a los Hermanos Farrelli. Me gusta el diseño y el sumario, y tras ver el precio (3,90 euros), me la llevo.

Hacía muchísimo tiempo que no me enganchaba una revista. Desde la primera página hasta la 40, no me salté ni un párrafo, y de pronto estaba en Jaén, rodeado de olivos. Durante esas dos horas y media, de todo lo que leí, destaco una curiosa lista de actores que la cagaron al elegir proyectos, como Tom Selleck, que rechazó ser Indiana jones; Warren Beaty, que rechazó El Padrino, o John Travolta, que no quiso ser Forrest Gump. En el extremo de los losers, Billy Cudrup, al que le pareció cursi el guión de Titanic y rechazó el papel principal, y George Raft, que dejó que Humphrey Bogart pasar a a la historia como Rick en Casablanca.

Al margen de esta anécdota, me ha encantado el reportaje sobre Tupac, la estrella del rap, y su relación con el cine y un director en concreto, otro muy amplio sobre la influencia de la Cienciología en Hollywood, las entrevistas a JJ Abrams y los Farrelly, el reportaje sobre Steve Sipek, el tarzán de la serie B que se quemó todo el cuerpo en el rodaje de su segunda película, y dedicó su vida posterior a leones, tigres y otros grandes felinos, después de haber vivido una vida de película… La entrevista a Rosario Dawson desde un punto de vista alejado del cine, la entrevista a Nacho Vigalondo, el reportaje sobre Michael Cimino… En definitiva, que la revista me ha conquistado y volveré a comprarla. La única sección que no me ha gustado ha sido la de crítica, que está llena de spoilers. No leo una crítica para que me cuenten el argumento de una película, sino para que me den motivos para verla o no.

Lo siento, Fotogramas. Te agradezco todo lo que has hecho por mí, pero hay hueco para otras en mi corazón. Aunque sigues ganando en la sección de críticas.  Sigo prefiriendo las críticas de Jordi Costa, Sergi Sánchez, Jordi Battle Caminal y compañía. Ahí no adulterio que valga.

Este verano voy a hacer vídeos X

Lo tengo decidido. Aunque hay mucha gente que todavía no es capaz de lanzarse a la piscina, creo que hay que dejar a un lado los prejuicios y atreverse a hacerlo sin ningún tipo de resquemor ni miedo. Es sólo cuestión de ponerse: no debe ser tan difícil. Hace unos meses lo estuve tanteando y no tiene pinta de ser complicado.

Sí, es lo que estáis pensando: hablo de dar el salto de Final Cut Studio a Final Cut X. La dichosa X a la que tantos editores temen. Y es que, editores, aunque al principio a todos nos asustó el tufillo a iMovie “tuneao”, hay que rendirse a la evidencia: con Final Cut X editas más rápido. Tienes que olvidarte de casi todo lo que sabes: organización de material, editar con un monitor de visionado, el trabajo con pistas… Pero si trabajas mucho con archivos de cámaras DSLR, adiós al tiempo de espera de conversión de archivos al códec Apple Pro Res. Ya lo hace él solito en segundo plano sin que tengas que perder tiempo para empezar.

The future is not (yet) here.

Además, desde la versión 10.0.8 han ido arreglando todas las meteduras de pata que cometieron al lanzar la aplicación al mercado. Aún le queda para ser la herramienta de edición que de verdad revolucione el mundillo como nos intenta vender Apple, pero parece que algunas grandes productoras ya se están animando, y cada vez es más la gente que emite comentarios positivos una vez dado el salto.

Echaré de menos los tiempos de render para poder visitar mi grupo favorito en Facebook, pero ha llegado el momento: voy a hacer vídeos X.

Elías Querejeta: el ojeador del cine español

Hoy se nos ha ido una figura que a muchos nos tenía fascinados. Un tipo que llegó a jugar en la Primera División Española de Fútbol con la Real Sociedad, y que a los 23 años decidió dejarlo todo para irse a Madrid a escribir y producir cine, que era su gran pasión. ¿Os imagináis a algún futbolista de la actualidad haciendo eso? Yo por lo menos, no.

Elías fundó a los 29 años su propia productora, y desde entonces no dejó de escribir y de trabajar, levantando proyecto tras proyecto, fuese documental o ficción. Proyectos en los que se involucraba con los directores, produciendo sociedades creativas con directores como Carlos Saura, Víctor Erice, Montxo Armendáriz y Fernando León de Aranoa, a los que produjo sus primeras películas.

Casualmente, lo más interesante y redondo de la filmografía de estos directores se produjo junto a Querejeta, que tras ver cómo se le iban del nido sus apadrinados para autoproducir sus proyectos, acabó dedicándose en sus últimos años al cine documental, y a producir siempre que podía los proyectos de su hija Gracia Querejeta, a la que inculcó un oficio y un amor confeso por el séptimo arte.

Sólo nos queda decirle GRACIAS, y volver a disfrutar de algunas de sus mejores películas. Dejo aquí fragmentos de algunas de mis películas favoritas de su filmografía. Descansa en paz, Elías. Te lo mereces.

El espíritu de la colmena, de Víctor Erice (1973)

Deprisa, deprisa, de Carlos Saura (1979)

El sur, de Víctor Erice (1983)

Historias del Kronen, de Montxo Armendáriz (1995)

Familia, de Fernando León de Aranoa (1995)

Barrio, de Fernando León de Aranoa (1998)

La espalda del mundo, de Javier Corcuera

Los lunes al Sol, de Fernando León de Aranoa (2002)

Siete mesas de billar francés, de Gracia Querejeta (2007)

“Autobiofilmografía a los 30”: sinopsis y reglas del juego

El pasado 24 de diciembre escribí un post titulado Autobiofilmografía a los 30: se aproxima una batalla. Desde aquel día, llevo librando fuera de campo (para los que no sois del mundillo audiovisual, es aquello que se intuye pero que queda fuera del encuadre y no se ve directamente) pequeñas luchas internas y externas día a día. Luchas por el cambio, esas tres palabras que tanto les gusta pronunciar a nuestros queridos políticos.

Enfrentarse a los recuerdos de la infancia y la adolescencia puede ser duro, pero realmente necesario si no quieres tropezar siempre con la misma piedra y ser un infeliz toda tu vida. Y es que, aunque muchos de vosotros penséis que me va de puta madre porque eso es lo que parece en Facebook, no hay nada más lejos de la realidad. Aunque suene a tópico, la procesión va por dentro. Ojo, siempre me ha ido relativamente bien en lo profesional. Y tengo buena salud. Y muchísimos y grandes amigos. De eso no me quejo en absoluto. Donde nunca me ha gustado como soy es en las relaciones sentimentales y familiares.

Han sido y están siendo meses muy duros. Probablemente he llorado más en los últimos meses que en los últimos diez años. Tenía un nudo que algún día debía deshacerse de alguna forma. Todo el mundo me dice que estoy muy delgado. Y efectivamente, hace una semana pasé por la báscula, y desde que soy adulto nunca había perdido tanto peso. Pero tranquilos: llevo toda la semana atiborrándome para recuperar carnes, y hago ejercicio de forma regular. Paconan, aunque a pasos lentos, sigue en camino. Y me encuentro mejor que nunca. Como si realmente hubiese resucitado y estuviese viviendo una segunda adolescencia.

Desafortunadamente, sigo sin tener cámara propia como era mi deseo en aquel post de diciembre. Este país funciona como funciona, y entre unos y otros aquí nadie paga. Aunque sigo confiando en la gente y espero ir cobrando este mes. Mientras tanto, un alumno que además es una grandísima persona me ha prestado una Go Pro Hero 2 para que pueda empezar hoy mismo a rodar mi proyecto rodeado de zombies hambrientos.

Este sábado 2 de junio, en mi cabeza, gritaré eso de ¡acción! para mí mismo. Os dejo con la sinopsis y con las reglas, que me enrollo más que una persiana.

SINOPSIS
La crisis de los 30. La separación de tus padres por orden de un juez. La sombra de un padre alcohólico y con dos caras. Todo un rebaño de ponys, y dos listas de objetivos por cumplir.

Para el que no sepa a qué me refiero con “pony”, aquí entenderá de qué se trata.

Ponys de David Planell por hamletprimero

1- Lo más importante es el espectador. El proyecto ya es demasiado egocéntrico de por sí como para olvidarme de que debo contar una historia con un protagonista, un planteamiento, un nudo y un desenlace. Además, ya he desarrollado algunas partes y os prometo que ni mucho menos van a ser todo penas. Todo lo contrario: el principal objetivo es que me sirva como proceso de curación de heridas del pasado. Aunque suene a ñoño, quiero que sea un canto a la vida.

2- Intentar hacer todo solo en la medida de lo posible. Lo siento, amigos actores y amigas actrices. Lo siento, amigos guionistas y amigos cámaras y amigos sonidistas. Es probable que os acabe pidiendo ayuda a algunos de vosotros en momentos concretos. Pero esto es algo muy íntimo. Como un autor desahogándose en una canción o un novelista desgranando la historia de una vida. Afortunadamente, me manejo bien en casi todo el proceso de una obra audiovisual. Y aquellos aspectos que no domine, intentaré dominarlos. Lo que me lleva a la tercera regla.

3- Si Amenábar compone bandas sonoras, yo también puedo. Mi historia con la música empezó muy pronto. A los 8 años mis padres me compraron mi primera guitarra. Yo era un niño despierto y aprendía muy rápido. En apenas tres clases ya dominaba un par de canciones. Lástima que el maravilloso y excelentísimo ayuntamiento de mi pueblo decidiera suspender las clases de guitarra dos semanas después de que empezara mi aventura musical. No volví a tener una guitarra hasta los 23, que me dio por intentar aprender otra vez. Sigo siendo un patán y apenas domino unos cuantos acordes básicos, pero este proyecto me va a servir para quitarme de una vez la espina de componer algo propio. Aunque me lleve dos años hacerlo.

4- No hay nada que temer, salvo al propio miedo.

Filmin y Atlántida Film Fest 2012

Hace unas semanas, la plataforma de cine on-line Filmin puso en marcha la segunda edición del Atlántida Film Fest, un festival que nos ha permitido a los cinéfilos disfrutar desde casa y en exclusiva de más de 20 películas que aún no se habían estrenado en salas.

Adquirí el abono completo por 15 euros con la esperanza de atiborrarme de cine durante el mes de abril, pero el exceso de trabajo y mi adicción nocturna a las series acabaron pronto con esa utopía, y finalmente sólo llegué a ver cuatro películas completas y parte de dos. A continuación voy a relatar mi experiencia como espectador de forma cronológica.

1 – Un mundo cuadrado, de Álvaro Begines.

La segunda película escrita a cuatro manos por Álvaro Begines y Miguel Ángel Carmona fue la principal razón de que adquiriese el abono. Tenía muchas ganas de verla, después de haber descubierto su talento hace unos años con su primer largometraje: ¿Por qué se frotan las patitas?

Quedé gratamente sorprendido con una historia que tiene en estos días mucho más significado que nunca, ya que sus protagonistas se proponen llevar a cabo una pequeña gran revolución contra el poder establecido. Y no digo más, porque prefiero que la veáis sin saber nada más del argumento.

Sólo diré que me pareció una película completamente honesta, dirigida con buen pulso y con mucho mimo. Y aunque no es perfecta, se merece un sobresaliente por su valentía y por la sensación que deja en el espectador.

2 – Puzzled loved, de 13 directores procedentes de la ESCAC (Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya).

Esta película es rara. Muy rara. El hecho de que tenga más de una decena de directores la convierte en una película muy descompensada, capaz de ejecutar escenas con muchísima brillantez, pero también con un desatino inexplicable.

Si se hubiese tratado de microhistorias independientes como sucede en Paris Je t’aime o New York, I love you, bastaría con olvidar rápidamente aquellas historias que no te gustan, pero estamos hablando de una historia completa de casi 90 minutos, y aunque la película se deja ver, hay algunas escenas que me sacaron de mis casillas por completo.

Aún así, también merece la pena verla, porque tiene algunos fragmentos dirigidos con una creatividad apabullante.

3 – The Swell Season, de August-Perna, Dapkins, Mirabella-Davis.

Después de haber conseguido el Óscar a la Mejor Canción por uno de los temas que compusieron para la película Once (2006), que también protagonizaban, Glen Hansard y Markéta Irglová emprendieron una gira de conciertos bajo el nombre “The Swell Season”. Este documental nos muestra el derrumbe de esta pareja, que ya lo era en la vida real antes de convertirse en ficción.

Me fascinó completamente la personalidad de Glenn Hansard, con el que me sentí bastante identificado. En parte, porque comparto con él el haber crecido con un padre que ha decidido matarse lentamente a base de consumir alcohol en grandes cantidades un día sí, y otro también.

4 – Submarine, de Richard Ayoade.

Llegamos a la joya de la corona. Gran descubrimiento el de la ópera prima de Richard Ayoade, que se coló hasta el fondo de mi corazón cinéfilo. Narra la vida de Oliver Tate, un adolescente intelectual y solitario que se enamora de una chica de su instituto, iniciando su primera relación de pareja mientras el matrimonio de sus padres se desmorona.

La galería de personajes que recorren esta historia es sencillamente genial y atípica, pero sin duda lo que realmente me conquistó es el buen gusto de Ayoade a la hora de colocar y mover la cámara. Aquí hay cineasta para rato. Y ya estoy esperando a que la saquen en DVD para colgar esta película en mi estantería.

Por último, tengo que mencionar dos películas que empecé, y no me dio tiempo a ver porque se me acabó el plazo de visionado.

5 – Alps, de Yorgos Lanthimos.

Esta película griega, que sí se ha estrenado ya en las salas españolas, tiene un arranque tan lento que cada vez que intentaba verla me vencía el sueño. Tiene muy buenas críticas y me han hablado bien de ella, pero desgraciadamente, y debido a su estreno en salas, sólo estuvo on-line un fin de semana y no tuve tiempo de verla. Queda pendiente.

6 – La Roca, de Raúl Santos.

Este documental andaluz narra la historia entre Gibraltar y La Línea de la Concepción (Cádiz) durante parte de la dictadura franquista, cuando el simpático de Franco decidió cerrar la frontera de Gibraltar, aislando a 30.000 personas sin comida, agua o líneas telefónicas.

Pude ver la primera media hora, y tiene una factura muy cuidada, pero una vez más se me pasó el plazo porque tuve que ponerme a trabajar. Espero poder verlo pronto.

CONCLUSIONES: Después de esta experiencia satisfactoria con Filmin, seguramente este verano me decida a invertir 30 euros para disfrutar durante tres meses de su extenso catálogo. Es un gustazo darle al play y que se reproduzca directamente sin esperas la película que quieres ver.

Y además, sabiendo que estás contribuyendo a que el sector para el que esperas trabajar algún día vea recompensado económicamente su gran esfuerzo. Un aplauso para Filmin, y hasta el año que viene, Atlántida.