O pagamos todos, o la princesa al río

El pasado sábado por la noche, al igual que muchos  españoles, acudí al cine. En mi caso fui con un amigo a los Renoir Princesa de Madrid para ver una obra española: El gran Vázquez, de Óscar Aibar. La película se deja ver, entretiene, y nos acerca a la figura del dibujante Manuel Vázquez Gallego, un auténtico jeta que evitaba pagar siempre que podía. Todo un ejemplo de picaresca española.

Pero no es de la película de lo que venía a hablar aquí, sino de una historia Real (sí, con mayúsculas). Y es que antes de entrar a ver El gran Vázquez, salí un momento con mi acompañante (el polifacético Félix Espejo) a fumarme un cigarro, y vimos cómo entraban al cine los mismísimos Príncipes de Asturias.

No sé si porque un cine lleve tu nombre (recuerden, fuimos al Renoir Princesa) tienes algún tipo de privilegio, pero el caso es que la pareja en cuestión fue directa a por sus palomitas, y de ahí a la sala de cine.

Por si se lo preguntan, entraron a ver Buried. Vale, sí, es cine español, y eso está muy bien. Y es cierto que existe la presunción de inocencia y a lo mejor habían comprado las entradas antes, pero nosotros, que somos unos mal pensados, lo que vimos con nuestros propios ojos fue un Vázquez en toda regla. Un clarísimo ejemplo de “para qué pagar, si me lo puedo ahorrar”.

Y es que en el caso de que no pagasen, ¿cuál es la diferencia entre descargarla de internet y verla de gorra en el cine por ser Príncipes? ¿No serían ellos unos piratas? ¿Por qué no? Si el pirata se caracteriza por beneficiarse de las películas sin dar nada a cambio, repito: ¿Cuál sería la diferencia? Yo sólo veo una: que ellos la ven en 35mm y Dolby Surround, y nosotros en DVDscreener.

Sin acritud, Felipe y Letizia. Sin acritud.

La profesión de cortometrajista

El otro día volvía en metro desde San Sebastián de los Reyes hasta Madrid jugando al solitario con el móvil, y no pude evitar cotillear una conversación entre tres mujeres que rondaban la treintena. Por sus palabras deduje que se dedicaban a la televisión y que una de ellas era editora. Hasta ahí todo normal, pero de pronto en la conversación se pronunció una palabra que me hizo levantar la vista de la pantalla del teléfono. La palabra era “cortometrajista”, y si la buscáis en el diccionario de la RAE, esto es lo que encontraréis.

Después de este inciso, continúo con la historia. Una de las chicas le preguntó a otra:  “¿Y tu hermano qué tal, a qué se dedica?”. La editora respondió: “Ahora mismo está trabajando de teleoperador, pero en realidad se dedica a… bueno, es cortometrajista. No es que sea una profesión, pero la verdad es que él se lo toma como si lo fuera”.

Tengo que reconocer que me hizo gracia. Me vi reflejado en aquel chico, y en todo lo que su hermana contaba sobre él: que a veces sus padres le tenían que echar un cable económicamente porque de pronto no llegaba a final de mes, que si quería seguir rodando tenía que estar sacrificando muchas cosas, que con unos cortos muy bien y con otros no tanto, etcétera.

Es curioso que el diccionario aún no recoja el término en cuestión, ya que es ampliamente usado y, aunque los cortometrajistas somos una minoría en la sociedad, existimos. El problema es que evidentemente no es un oficio. Está a medio camino entre el hobby y el mundo profesional, y hay diferentes clases de cortometrajistas en función de sus posibilidades de producción. No es lo mismo alguien que rueda un corto gastándose menos de 300 euros, a otro cuyo presupuesto asciende a 200.000.

Sin embargo, y aunque no se considere un oficio, el amplio número de festivales que hay por todo el mundo pueden hacer que un cortometraje gane miles y miles de euros. En función del coste que tenga la producción, pues más margen de beneficio habrá. Hay cortos rodados con menos de 600 euros que luego han acabado arrasando, y otros de cientos de miles de euros que no han recuperado el dinero. Pero sé de algunos que han podido ganar 90.000 euros netos después de los dos años de vida que tiene un cortometraje en festivales. Por lo tanto, aunque sea sólo el caso de unas pocas excepciones, se puede vivir de ello.

Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Es un oficio o es un hobby? Pues no lo sé. Os dejo un corto que hicieron mis compañeros de ÁTICO Fernando Molero y JuanLu Molina para el Festival de Cine Instantáneo de Córdoba en 2007, a ver si despejamos algunas dudas.

[Vimeo 2396052]

Para todo lo demás, versión original

“Hay que joderse”. No lo digo yo: lo dicen “Los Conchords” en la cadena TNT. Y es que así han traducido en España la canción “Hurt feelings” del dúo cómico y musical neozelandés cuyo verdadero nombre es “Flight of the Conchords”.

Soy consciente de que a estas alturas todo se ha dicho ya sobre las ventajas de la versión original sobre el doblaje. Existen hasta grupos en facebook con decenas de miles de seguidores que piden más exhibición en versión original, y no voy a venir yo aquí a dar ninguna lección, ni a convencer a nadie. Tan cierto es que es un soberbio coñazo leer subtítulos cuando no se está acostumbrado, como que es un castigo ver una película doblada cuando se está habituado a la versión original. Es únicamente cuestión de hábitos. Y está claro que nos cuesta cambiar de hábitos, porque somos vagos por naturaleza.

Sin embargo, aquel que opta por disfrutar series y películas anglófonas en versión original, no sólo mejora su listening, sino que además aprende palabras y expresiones como What the fuck? (WTF?). Vamos a ver un ejemplo de cómo utilizarla.

Leo en el canal de youtube de TNT que la cadena emite las canciones originales de Flight of The Conchords en inglés con subtitulos. Sin embargo, TNT ha decidido colgar las canciones en internet… dobladas al castellano. WHAT THE FUCK?

Veamos la canción original con subtítulos.

[Youtube=http://www.youtube.com/watch?v=DQ4gcP4zHFQ]

Veamos ahora lo que han hecho al doblarla.

[Youtube=http://www.youtube.com/watch?v=FGQDbSkeYbI]

Creo que ha quedado claro que doblar las canciones de esta serie no tiene sentido. Pero hay otro punto importante por el que creo que tampoco los diálogos deberían doblarse: el humor en muchas escenas se basa en que los neoyorkinos no comprenden el acento neozelandés.

En el canal de TNT en youtube podemos ver un fragmento dialogado de la serie donde no solamente no doblan el diálogo, sino que además lo subtitulan en inglés (WTF?), y al final del vídeo vuelven a la versión doblada (WHAT… THE… FUCK!).

[Youtube=http://www.youtube.com/watch?v=lMOw9tIZdVo]

Puede que el doblaje no sea tan malo en algunos casos, pero desde luego en la comedia hace mucho daño. Sobre todo en series actuales como Weeds, Modern Family o Community, donde el humor muchas veces se basa en la interacción de los dos idiomas, y sus correspondientes acentos.

Por suerte, con la llegada de la TDT, y aunque mucha gente aún lo desconoce, podemos elegir en muchos casos la versión original con subtítulos trasteando un poco el mando de la tele.

En mi opinión, sólo se debería tolerar el doblaje en dos casos excepcionales: en las películas de animación, y en el cine mudo.  Para todo lo demás, versión original.