Gracias, Álex Angulo

Era martes. Concretamente, martes 27 de abril de 2004. Miguel C. Rodríguez y yo, estudiantes de tercer curso de Comunicación Audiovisual en Málaga, estábamos grabando con una videocámara doméstica nuestro primer cortometraje. Se iba a llamar Manolito Espinberg, y aún no teníamos cerrado el guión, pero sabíamos que iba a depender mucho del material que consiguiéramos en el Festival de Cine Español de Málaga de ese año. Teníamos escrita una biografía de un par de páginas, y sabíamos que necesitábamos opiniones de profesionales del cine español para que el corto cogiese fuerza y funcionara.

Tuvimos la suerte de que las mesas redondas y las presentaciones de futuros rodajes se hicieran justo debajo de la casa de Miguel, que en aquella época aún vivía en la calle Granada. Y a una de las primeras personas que le preguntamos si quería echarnos un cable fue a Álex Angulo, al que obviamente admirábamos muchísimo por su gran papel en El Día de la bestia.

Álex fue a una mesa redonda titulada TV movies: otra forma de hacer cine. Al finalizar, nos acercamos a él y le preguntamos si quería participar en un corto. Ni se lo pensó, a pesar de que íbamos con una cámara más o menos como ésta.

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Le contamos brevemente quién era Manolito Espinberg y se descojónó. Nos dijo que cuando quisiéramos, y le dimos al REC. De pronto Álex se puso serio, y mirándome fijamente a los ojos, improvisó esto, entre otras muchas perlas. Por un momento, pensé que me iba a soltar una leche.

Ayer me dio mucha pena cuando me enteré del accidente. Y creo que no soy el único: Álex fue probablemente uno de los actores que más se ha prestado a participar en cortometrajes de gente que empieza. Nuestra relación duró apenas unos minutos, pero nos transmitió una energía y una pasión por la profesión que a mí al menos me dejó huella. No me quiero ni imaginar los que compartieran un rodaje de varios días o varias semanas con él.

Descansa en paz, Álex. GRACIAS POR TODO.

El miedo (the fear)

Según la Real Academia Española (en adelante, RAE), el miedo (del lat. metus) tiene dos acepciones: 

1) Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario. 
2) Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.

Así, con estas dos líneas, despacha la RAE una de las palabras clave que gobierna nuestras vidas. Porque no nos engañemos: el miedo es el principal escollo que nos separa de ese futuro mejor e hipotético que barajamos continuamente en nuestra imaginación, tanto a nivel individual como a nivel colectivo. Da igual que queramos ser pilotos de Fórmula 1, astronautas, empresarios, guionistas, directores de cine, o vivir en una huerta sembrando tomates para hacer gazpacho con nuestras propias hortalizas. Da igual que queramos tener mejores condiciones salariales, un sindicato que funcione de verdad, o un gobierno que no se ría de nosotros.

El miedo es lo que separa a los triunfadores del resto de humanos miedicas que vivimos nuestras vidas esperando a que nos toque la lotería o a que la vida nos regale lo que nos debe. Muchos tenemos miedo a la oscuridad, otros a las arañas, a los insectos en general, o incluso a los perros, que se supone que son los mejores amigos del hombre.

Tenemos miedo a nuestro padre, a nuestra madre, a nuestra pareja, a nuestro jefe, a nuestro alcalde, a nuestro gobierno. Tenemos miedo a hacer el ridículo, miedo a hablar en púbico, miedo a exponernos demasiado, miedo a que nos juzguen, miedo a fracasar, miedo a siquiera intentarlo…

Miedo a las medusas, a los erizos de mar, a montar en moto o en avión, a tirarnos haciendo puenting y que se rompa la cuerda, al daño físico o emocional en todas sus manifestaciones.

El miedo está presente en todos los ámbitos y en todas las personas. Todos tenemos miedo a algo: a perder el trabajo, a perder la casa, a perder dinero al montar una empresa, a no tener talento para la profesión que nos gustaría desarrollar, a no estar a la altura, a perder una oportunidad mejor por quedarnos como estamos…

Tenemos miedo de enamorarnos, miedo a desenamorarnos, miedo a que nos dejen, miedo a la soledad, miedo al compromiso, miedo a tener hijos y ser malos padres, miedo a no tener hijos y morir sin descendencia, miedo a esa conversación que puede doler, miedo a escuchar lo que no queremos oír…

El miedo es el principal causante de nuestras frustraciones. Es inherente al ser humano, y si no se controla, se va acrecentando con el paso de los años. Cada pequeña derrota en el ámbito familiar, laboral o de pareja, le da mayor ventaja al miedo para hacernos más pequeños.

Nuestra personalidad, hasta donde sabemos, es una mezcla entre la herencia genética y el entorno en el que vivimos. La predisposición genética a ser optimista y valiente hace que algunos nazcan con mejores cartas que otros; en cuanto al entorno, no hay mucho que decir. Todos sabemos la importancia de crecer en un ambiente en el que el miedo se quede a un lado, arrinconado y sin fuerzas. Si a la seguridad emocional se suma la seguridad económica, es un poco más fácil: te ha tocado empezar la partida con un par de ases; quizás tienes incluso un póker de ases en cuanto se enseñen las primeras cartas de la partida. Sin embargo, a la mayoría nos tocan unas cartas de mierda, y tenemos que intentar sacar el máximo partido de ellas aún sabiendo que para ganar lo tenemos más difícil.

Por supuesto, es posible luchar y vencer al miedo a pesar de haber nacido y crecido en ambientes hostiles: incluso si tienes malas cartas, hay que pensar que todo es posible. De hecho, enfrentarse a los miedos es lo que hace a una persona fuerte y lo que le hace libre. Y con libre no me refiero a no tener responsabilidades. Me refiero a libre en el sentido de vivir como se quiere, y no como el miedo te dicte en cada momento. Esa debería ser nuestra mayor aspiración en la vida: enfrentarnos al miedo cada vez que nos encontremos con él. No para ser temerarios e irracionales, sino para ser libres, y para no lamentarnos de no haberlo intentado al menos.

En esas estoy yo ahora: en conseguir enfrentar al miedo y hacer de una vez los proyectos que llevo aparcando durante los últimos años por una u otra razón. No es fácil. Nada fácil. Pero, ¿acaso eres un gallina, McFly?

Lo reconozco: soy un adúltero.

Tarde o temprano tenía que pasar. Estar tantos años bailándole el agua a la misma no podía durar hasta el infinito. Llevo años siendo más o menos fiel sin pensar en cambiar o alternar, pero reconozco que nuestros últimos encuentros me empezaban a cansar, provocándome incluso bostezos y la mayor de las indiferencias. Así que no siento ningún tipo de culpabilidad. Todo lo contrario: estoy encantado.

Como podréis imaginar, hablo de revistas de cine. Cuando uno va a al kiosco, y yo me he pasado media infancia y adolescencia haciéndolo, podía encontrar mayormente la Fotogramas y la Cinemanía: dos revistas españolas que llevan bastantes años luchando por el mismo mercado, en una rivalidad como la de Pepsi y Coca-cola, o como Oasis y Blur en los años 90. Con una estrategia y contenidos bastante parecidos, su target es prácticamente el mismo. Si no te satisfacía ninguna de estas dos revistas, había otra también enfocada al cine más comercial, que se diferenciaba principalmente por incluir pósters por doquier: Acción – Cine y vídeo. Si eras un cinéfilo más serio y no te interesaban los cotilleos del corazón de las estrellas de cine, podías optar por la Dirigido por, que es más seria y dedicada a los reportajes y las entrevistas.

Si todavía tenías ganas de hacerte aún más el erudito, desde hace unos años se empezó a editar una versión española de la famosa revista francesa Cahiers du Cinema, en la que escribía Truffaut, por ejemplo. Sin embargo, y aunque la compré varias veces, nunca me terminó de conquistar, y le puse el veto desde el momento en el que uno de sus críticos impartió una clase en el Máster de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca, donde estuve como alumno. En una tarde, el crítico en cuestión puso en tela de juicio algunas de mis películas españolas favoritas, y puso por las nubes películas que, desde mi punto de vista, no había por donde cogerlas. Fue la puntilla que le hacía falta para quedar desterrada para siempre de mi estantería.

A todas estas revistas, hay que sumar una que iba dedicada especialmente a cortometrajistas, cuyo nombre no recuerdo ahora, y que además regalaba un DVD. Su andadura empezó en 2004, pero no aguantó mucho en el mercado, y desgraciadamente en menos de dos años tuvieron que cerrar.

Y así, llegamos al martes 30 de julio de 2013, cuando, al llegar con tiempo de sobra a la estación de Méndez Álvaro para tomar el autobús dirección Almería, me llama la atención la publicidad en el exterior de una famosa tienda de libros y revistas ubicada en muchas estaciones. El anuncio en cuestión es de una revista de cine en cuya portada hay una caricatura de los personajes de los hermanos Farrelly, encabezada por Cameron Díaz con el tupé engominado con-ya-os-podéis-imaginar-qué.

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Tras entrar al establecimiento y ojear la Fotogramas, la Cinemanía (con su portada de Blanca Suárez en bikini) y la Dirigido por, y mirar con desdén la Cahiers du Cinèma, tomo en mis manos el nº3 de esta nueva revista, cuyo nombre es SOFILM. En su interior, una extensa entrevista a JJ Abrams, un reportaje sobre Bud Spencer, una entrevista a Nacho Vigalondo… pero sobre todo, la macroentrevista a los Hermanos Farrelli. Me gusta el diseño y el sumario, y tras ver el precio (3,90 euros), me la llevo.

Hacía muchísimo tiempo que no me enganchaba una revista. Desde la primera página hasta la 40, no me salté ni un párrafo, y de pronto estaba en Jaén, rodeado de olivos. Durante esas dos horas y media, de todo lo que leí, destaco una curiosa lista de actores que la cagaron al elegir proyectos, como Tom Selleck, que rechazó ser Indiana jones; Warren Beaty, que rechazó El Padrino, o John Travolta, que no quiso ser Forrest Gump. En el extremo de los losers, Billy Cudrup, al que le pareció cursi el guión de Titanic y rechazó el papel principal, y George Raft, que dejó que Humphrey Bogart pasar a a la historia como Rick en Casablanca.

Al margen de esta anécdota, me ha encantado el reportaje sobre Tupac, la estrella del rap, y su relación con el cine y un director en concreto, otro muy amplio sobre la influencia de la Cienciología en Hollywood, las entrevistas a JJ Abrams y los Farrelly, el reportaje sobre Steve Sipek, el tarzán de la serie B que se quemó todo el cuerpo en el rodaje de su segunda película, y dedicó su vida posterior a leones, tigres y otros grandes felinos, después de haber vivido una vida de película… La entrevista a Rosario Dawson desde un punto de vista alejado del cine, la entrevista a Nacho Vigalondo, el reportaje sobre Michael Cimino… En definitiva, que la revista me ha conquistado y volveré a comprarla. La única sección que no me ha gustado ha sido la de crítica, que está llena de spoilers. No leo una crítica para que me cuenten el argumento de una película, sino para que me den motivos para verla o no.

Lo siento, Fotogramas. Te agradezco todo lo que has hecho por mí, pero hay hueco para otras en mi corazón. Aunque sigues ganando en la sección de críticas.  Sigo prefiriendo las críticas de Jordi Costa, Sergi Sánchez, Jordi Battle Caminal y compañía. Ahí no adulterio que valga.

Filmin y Atlántida Film Fest 2012

Hace unas semanas, la plataforma de cine on-line Filmin puso en marcha la segunda edición del Atlántida Film Fest, un festival que nos ha permitido a los cinéfilos disfrutar desde casa y en exclusiva de más de 20 películas que aún no se habían estrenado en salas.

Adquirí el abono completo por 15 euros con la esperanza de atiborrarme de cine durante el mes de abril, pero el exceso de trabajo y mi adicción nocturna a las series acabaron pronto con esa utopía, y finalmente sólo llegué a ver cuatro películas completas y parte de dos. A continuación voy a relatar mi experiencia como espectador de forma cronológica.

1 – Un mundo cuadrado, de Álvaro Begines.

La segunda película escrita a cuatro manos por Álvaro Begines y Miguel Ángel Carmona fue la principal razón de que adquiriese el abono. Tenía muchas ganas de verla, después de haber descubierto su talento hace unos años con su primer largometraje: ¿Por qué se frotan las patitas?

Quedé gratamente sorprendido con una historia que tiene en estos días mucho más significado que nunca, ya que sus protagonistas se proponen llevar a cabo una pequeña gran revolución contra el poder establecido. Y no digo más, porque prefiero que la veáis sin saber nada más del argumento.

Sólo diré que me pareció una película completamente honesta, dirigida con buen pulso y con mucho mimo. Y aunque no es perfecta, se merece un sobresaliente por su valentía y por la sensación que deja en el espectador.

2 – Puzzled loved, de 13 directores procedentes de la ESCAC (Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya).

Esta película es rara. Muy rara. El hecho de que tenga más de una decena de directores la convierte en una película muy descompensada, capaz de ejecutar escenas con muchísima brillantez, pero también con un desatino inexplicable.

Si se hubiese tratado de microhistorias independientes como sucede en Paris Je t’aime o New York, I love you, bastaría con olvidar rápidamente aquellas historias que no te gustan, pero estamos hablando de una historia completa de casi 90 minutos, y aunque la película se deja ver, hay algunas escenas que me sacaron de mis casillas por completo.

Aún así, también merece la pena verla, porque tiene algunos fragmentos dirigidos con una creatividad apabullante.

3 – The Swell Season, de August-Perna, Dapkins, Mirabella-Davis.

Después de haber conseguido el Óscar a la Mejor Canción por uno de los temas que compusieron para la película Once (2006), que también protagonizaban, Glen Hansard y Markéta Irglová emprendieron una gira de conciertos bajo el nombre “The Swell Season”. Este documental nos muestra el derrumbe de esta pareja, que ya lo era en la vida real antes de convertirse en ficción.

Me fascinó completamente la personalidad de Glenn Hansard, con el que me sentí bastante identificado. En parte, porque comparto con él el haber crecido con un padre que ha decidido matarse lentamente a base de consumir alcohol en grandes cantidades un día sí, y otro también.

4 – Submarine, de Richard Ayoade.

Llegamos a la joya de la corona. Gran descubrimiento el de la ópera prima de Richard Ayoade, que se coló hasta el fondo de mi corazón cinéfilo. Narra la vida de Oliver Tate, un adolescente intelectual y solitario que se enamora de una chica de su instituto, iniciando su primera relación de pareja mientras el matrimonio de sus padres se desmorona.

La galería de personajes que recorren esta historia es sencillamente genial y atípica, pero sin duda lo que realmente me conquistó es el buen gusto de Ayoade a la hora de colocar y mover la cámara. Aquí hay cineasta para rato. Y ya estoy esperando a que la saquen en DVD para colgar esta película en mi estantería.

Por último, tengo que mencionar dos películas que empecé, y no me dio tiempo a ver porque se me acabó el plazo de visionado.

5 – Alps, de Yorgos Lanthimos.

Esta película griega, que sí se ha estrenado ya en las salas españolas, tiene un arranque tan lento que cada vez que intentaba verla me vencía el sueño. Tiene muy buenas críticas y me han hablado bien de ella, pero desgraciadamente, y debido a su estreno en salas, sólo estuvo on-line un fin de semana y no tuve tiempo de verla. Queda pendiente.

6 – La Roca, de Raúl Santos.

Este documental andaluz narra la historia entre Gibraltar y La Línea de la Concepción (Cádiz) durante parte de la dictadura franquista, cuando el simpático de Franco decidió cerrar la frontera de Gibraltar, aislando a 30.000 personas sin comida, agua o líneas telefónicas.

Pude ver la primera media hora, y tiene una factura muy cuidada, pero una vez más se me pasó el plazo porque tuve que ponerme a trabajar. Espero poder verlo pronto.

CONCLUSIONES: Después de esta experiencia satisfactoria con Filmin, seguramente este verano me decida a invertir 30 euros para disfrutar durante tres meses de su extenso catálogo. Es un gustazo darle al play y que se reproduzca directamente sin esperas la película que quieres ver.

Y además, sabiendo que estás contribuyendo a que el sector para el que esperas trabajar algún día vea recompensado económicamente su gran esfuerzo. Un aplauso para Filmin, y hasta el año que viene, Atlántida.

Los Goya son como Gran Hermano

Desde que ayer se dieran a conocer las nominaciones de los próximos premios Goya, he leído en Facebook todo tipo de desacuerdos y alguna pataleta que otra. Es normal: los Goya, al igual que cualquier concurso, nunca dejan contento a todo el mundo.

Es cierto que los nominados de este año están en su mayoría relacionados directa o indirectamente con el Presidente de la Academia, Álex de la Iglesia, que precisamente ha sido el que atesora un mayor número de candidaturas. Pero, ¿de verdad es esto tan extraño? Álex fue elegido democráticamente por los académicos, y son éstos los encargados de decidir quién opta a los premios, así que por extensión, aquellos que le votaron para ser presidente, son votantes potenciales de su película.

Y esto a muchos nos parece injusto, porque Balada triste de trompeta (15 nominaciones), al menos para mí, no es ni de lejos la mejor película española del año. En su favor hay que decir que tiene una estética muy lograda por parte del equipo técnico. Pero eso no es suficiente: desde mi punto de vista, la historia hace aguas desde el guión, hay secuencias cuyo montaje me hizo revolverme en la butaca, y las interpretaciones de Carolina Bang y Terele Pávez creo que no están a la altura de otras actrices que este año deberían haber estado nominadas.

Pensemos ahora en otra competición con nominaciones: Gran Hermano. En este reality-show, estar nominado es una mala noticia. Y aquellos que tienen más amigos y popularidad, consiguen librarse de estar nominados. ¿Y esto qué tiene que ver? Pues que en los Goya, al igual que en la vida y en Gran Hermano, quien tiene un amigo, tiene un tesoro. Y quien tiene más amigos, se lleva el gato al agua. No se trata de enchufe, sino de sentido común.

Hagamos un ejercicio de honestidad: si fueseis académicos y un amigo vuestro optase a estar nominado, ¿no le daríais vuestro voto? Pues eso es lo que pasa casi todos los años, excepto en contadas ocasiones, como el año que dio la sorpresa La soledad de Jaime Rosales.

Obviamente no he visto ni una cuarta parte de las películas españolas estrenadas este año, pero voy a citar tres casos que me gustaría que hubiesen tenido mayor suerte:

1 – Bon Appétit (historias de amigos que se besan). Está nominada a Mejor Dirección Novel, pero podría haberlo estado también a Mejor película, Guión, o Actor Protagonista (Unax Ugalde). De acuerdo, esto es muy subjetivo porque es el tipo de historia que más me gusta. Sigamos.

2 – Mireia Vilapuig. No he visto todavía Héroes (ganadora del Premio del Público en el Festival de Málaga de Cine Español), pero si en toda la película Mireia está a la altura de esta secuencia, debería estar nominada a Mejor Actriz Revelación en lugar de Carolina Bang.

3 – La historia de siempre. Aunque no es un cortometraje que a mí me guste especialmente, ha sido uno de los grandes triunfadores en el circuito español en 2010. Sin embargo, que no esté nominado no me pilla por sorpresa. Sin ir más lejos, 7:35 de la mañana y Éramos pocos no estuvieron nominados a los Goya y luego llegaron a los Óscar, así que está más que demostrado que el sistema de nominaciones que tiene la Academia con los cortos no suele ser un reflejo del verdadero panorama español de cortometrajes.

El que sí está es el que para mí era el gran favorito antes incluso de estar nominado: El orden de las cosas. Ojo, este corto me gusta pero no me fascina. ¿Por qué era favorito entonces? Porque tiene un reparto muy conocido (eso siempre ayuda a que por lo menos los académicos lo vean), trata el tan manido tema de los malos tratos de una forma original, y tiene una dirección de arte y una fotografía (a cargo de Tom Connole) impresionantes.

Y eso es todo, amigos. Ahora, a esperar al 13 de febrero a ver quién gana más cabezones. Mi predicción: que los académicos van a intentar relanzar la mala carrera comercial de Balada triste de trompeta a base de Goyas. ¿Y qué es lo peor de todo esto? Que no ayuda en absoluto a cambiar la imagen que tiene de nuestro cine el público español.

Antes de que alguien se enerve, aviso: me parece elogiable la labor de Álex de la Iglesia como Presidente, y me gustan bastante algunas de sus películas, pero no me gusta Balada triste de trompeta. Aunque bueno, si Tarantino dice que la película parte la pana, algo tendrá, así que os aconsejo ir al cine a verla. Esto es sólo la opinión de un cortometrajista que ni siquiera podrá optar a los Goya el año que viene porque aún no sabe lo que es tener un trabajo en 35mm.

Por favor, que llegue ya el cine digital. Pero que llegue de verdad, no solo a los multicines.

Cambio y corto, y una de enlaces

Después de varias semanas muy ocupado con trabajos que me permiten comer y pagar el piso, he tenido la oportunidad de asistir en mi tierra a un par de sesiones y a la Gala de Clausura de Almería en Corto, donde disfrutamos de algunas joyas como el corto almeriense El tiempo al tiempo, y el estadounidense Ana’s Playground.

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Eso sí, me he llevado el trabajo conmigo y he compaginado ocio y obligaciones. No vayáis a pensar que soy un tipo con mucho tiempo libre, porque nada más lejos de la realidad.

Pero estoy contento. Después de estas semanas tan intensas frente al Final Cut y el After Effects, empiezo a ver la luz al final de túnel. Se acerca el día en el que pueda centrarme en terminar En la próxima parada para estrenarlo a principios de 2011 como teníamos previsto. Estoy deseando pasar página y empezar a preparar otro corto, y también retomar el proceso de escritura con Alberto de la Hera.

No recuerdo si se lo escuché a Tomás Gutiérrez Alea o a Juan Carlos Tabío (directores de Fresa y chocolate y Guantanamera), pero me acuerdo que fue en el programa Versión Española donde uno de los dos dijo que cuando uno crea una película debe estar preparado para recibir malas críticas, porque siempre llegan, por muy buena película que hayas hecho. Ya lo decíamos en Manolito Espinberg: une vie de cinéma: “Todas las películas tienen defensores y detractores: incluso las obras maestras del cine”.

No sé si tengo un problema, pero estoy deseando que llegue el momento de recibir hostias a tutiplén. Porque las críticas positivas te hacen sentirte bien y aumentan el ego, pero de las negativas (y constructivas) se aprende.

De esto mismo hablaba hoy con Miguel Ángel Carmona por Facebook.  Para el que no lo conozca, Miguel Ángel, con apenas 27 años, es co-guionista de los largometrajes ¿Por qué se frotan las patitas? y Un mundo cuadrado, dirigidos por Álvaro Begines. Miguel Ángel, además, es director de dos cortometrajes estupendos y muy diferentes, producidos por La mirada oblicua.

El primero de ellos, Horóscopo (2008), está protagonizado por Álex O’Dogherty y Teresa Hurtado de Ory, una gran actriz a la que pronto podréis ver también en nuestro último cortometraje.

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El trabajo más reciente de Miguel Ángel Carmona es un cortometraje titulado 70m2, está protagonizado por Alberto Amarilla, y acaba de empezar a distribuirse. Desde aquí le deseo toda la suerte del mundo, porque el corto tiene una factura impresionante y está dirigido con muy buen pulso. No os adelanto nada sobre el argumento para que os sorprenda más cuando tengáis la oportunidad de verlo en el festival de cortometrajes más cercano.

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Y por si hay algún rezagado que aún no hubiese visto el teaser de En la próxima parada, lo dejo aquí también, que no cuesta nada.

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Cuchillos fuera (o cómo escribir correctamente “Making Of”)

Lo siento, pero hoy me voy a poner las gafas de pasta: vengo al blog en plan sabihondo. Hay demasiadas personas que escriben mal “Making Of”, y tengo que reconocer que soy un tiquismiquis para este tipo de cosas. Porque es “of”, y no “off”, como habréis leido cientos de veces.

Tranquilos, todos nos equivocamos y en este caso es hasta normal, porque en general los españoles no entendemos mucho de inglés, y tenemos la extraña manía de adoptar expresiones inglesas  para referirnos a cosas que podríamos decir directamente en castellano. ¿Acaso Así se hizo o Cómo se hizo no significan lo mismo y lo entendemos todos? Pues sí, pero no es tan cool.

De hecho, yo mismo utilizo lo de making of, y reconozco que no tenía claro cómo se escribía la primera que vez que tuve que hacerlo en unos títulos de crédito. Lo había visto demasiadas veces tanto con una f como con dos, y dudaba. Aunque si sois curiosos y queréis saber el significado de los dos phrasal verbs que resultan de sumar of y off al verbo to make, la lógica (y San Google) os resolverán en un minuto esta duda tan común.

Es más, ser tiquismiquis tiene sus ventajas, ya que si escribes correctamente “making of” en Google, llegas a webs tan interesantes como ésta. Por el contrario, aquellos que escriben “making off” toparán con enlaces de esta calaña.

Dicho esto, no sólo me dejo puestas las gafas de pasta, sino que además me pongo los auriculares de melómano: os dejo con el videoclip (y su correspondiente Making Of) que ese genio llamado Michel Gondry realizó para esos otros genios que se hacen llamar Radiohead.

Making of de Knives Out (Cuchillos fuera)